Posts Tagged ‘Software privativo’

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Si utilizas programas privativos tus documentos están secuestrados.

21/07/2011

Atención a la imagen sacada de un foro de profesores.

A mi colegio, y en plena fiebre de las pizarras digitales interactivas, han venido un montón de comerciales a dar “cursos” sobre “la pizarra digital”. Lo primero que tengo que decir es que eso no es un curso, sino una demostración, y lo segundo que la PDI es como una pantalla táctil que sustituye al ratón (Si la queréis ir probando, y si no con esto damos por finalizado el curso).

Los “cursos” que se nos han ofrecido no han sido sobre PDI, ni sobre cambios en la pedagogía, la metodología y el funcionamiento de la clase posibilitados por la PDI (lo cual hubiera sido mucho más interesante). En realidad lo que se han hecho han sido demostraciones de lo “chachi-guais” que son los programas que acompañan estas pizarras. Cinco programas para seis pizarras de cinco marcas distintas, cada uno más bonito que el anterior. Cada uno más capaz de absorber la atención de los niños con sus colores y figuras, manteniéndolos absortos en la explicación del profesor con las bocas abiertas. Mmmm… Lo dudo mucho, o al menos dudo que esto funcione más allá de las primeras dos o tres semanas.

En realidad es sobre estos programas sobre los que quiero escribir. Simples programas de dibujo que, en mi opinión, tienen dos defectos que los hacen absolutamente inutilizables.

En primer lugar creo que estos programas dificultan el buen uso de las PDI porque nos ponen demasiado fácil caer en la tentación de utilizarlas como pizarras normales pero “guais”. Las pizarras digitales deben ser utilizadas para escribir en ellas (por supuesto), pero entonces estamos pensando otra vez en la clase magistral y vuelta a lo mismo: innovación casi cero. La innovación consiste en utilizar las pizarras para buscar información sobre la marcha en la wikipedia, para mostrar imágenes y mapas en tiempo real, para entrar en el blog o el twitter de un personaje sobre el cual estamos hablando, para ver que han escrito nuestros alumnos en su twitter sobre la última excursión, para entrar en museos virtuales… Tal vez llamarlas “pizarras” sea el primer error, y tal vez no sea necesario el desembolso que supone la diferencia entre interactiva o no. A mi personalmente el gasto que supone la interactividad me parece superfluo.

En segundo lugar, estos programas son privativos y, dada la lucha que existe actualmente para hacerse con el mercado, totalmente incompatibles entre sí. Esto significa que los documentos y actividades realizados con uno de ellos no se pueden abrir con otro.

Imaginemos una profesora que prepara un curso entero o varios cursos de actividades con uno de estos programas. ¿En que situación se encuentra? Para empezar solo puede utilizar las pizarras de una determinada marca, puesto que en la licencia de uso de muchos de estos programas se indica que solo se podrán usar con hardware de la misma marca. En un colegio donde las pizarras las regalan las editoriales como un valor añadido a sus libros esto es imposible. Pero esto no es lo peor, ya que al menos puede usar sus documentos, y el trabajo que ha hecho ha servido para algo, pero ¿que sucede si la empresa que ha hecho el programa deja de sacar actualizaciones o estas dejan de ser gratuitas? Nos encontraríamos con que nuestros documentos solo pueden ser abiertos con un programa y que, por tanto, estamos totalmente atados a él y a la empresa que lo produce. No sería el primer caso de perder el trabajo realizado simplemente porque no podemos exportarlos ni existe ya el programa con el que poder abrirlos.

¿Cual es la solución? Primero un cambio de metodología: hay que usar internet, las redes sociales, la web, etcétera. Creo que es mucho mejor para trabajar la competencia digital y la matemática que los alumnos vean como se utiliza una hoja de cálculo para resolver un problema real, o buscar en internet un dato que necesitamos.

Y segundo: el uso de programas libres y formatos abiertos. Los programas libres también desaparecen, pero menos. Por ejemplo yo utilicé en los primeros años de universidad un procesador de textos llamado Lyx, que todavía existe (la última versión en este momento es de abril de 2011, para Linux, Windows y Mac).

Y para acabar los formatos abiertos son tipos de ficheros cuya organización interna no es un secreto, así que cualquiera puede hacer un programa que trabaje con ellos. Es común que la gente crea que el binomio formado por un programa y sus documentos es irrompible, hasta el punto de referirnos a los ficheros .doc como “documentos de Word”. En muchos programas esto no es así, y mucho menos en los programas libres. Los ficheros ODT, SVG, PNG, etcétera, no son “documentos-de-un-programa” porque hay muchos programas que los pueden abrir. Si uno desaparece… incluso puede que encontremos otro mejor.

Por cierto: Dudo que nadie le dé a la profesora el número de serie que pide, porque creo que nadie con una pizarra smart en situación “legal” querrá ir a utilizar su número de serie y que el programa le conteste que ese número ya está en uso. Recordemos que estos programas se conectan a internet para buscar actualizaciones y validar los números de serie.

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Google Documents: Tentador, pero no.

26/03/2009

Estoy esperando recibir el Dell Inspiron Mini 9 que he comprado, y dándole vueltas a como voy a hacer para acostumbrarme a la ausencia de disco duro. Algunas de las posibilidades son funcionar con memorias flash, “llaves” USB o un disco duro externo, pero también he sopesado la posibilidad de usar Google Documents.

Tengo algunos documentos sueltos en este servicio de Google, pero no deja de ser algo anecdótico: ni recuerdo cuales son ni están actualizados, porque los documentos con los que trabajo son los que están en el disco duro de mi portátil. Así que la pregunta es ¿quiero que este servicio reemplace a mi disco duro aunque solo sea en lo que a documentos se refiere?

En cuanto a los aspectos positivos está la comodidad de poder acceder a los documentos desde cualquier ordenador con conexión a Internet, poder compartirlos, etc. En resumen, todas las maravillas que Google cuenta sobre su propio servicio. Además es de agradecer que utilice estándares abiertos como OpenDocument, por lo que es perfectamente compatible con OpenOffice y otros programas. Esto me da la tranquilidad de que mis documentos no queden atrapados en un formato cerrado.

Pero también están los aspectos negativos:

  • Google Documents es un programa privativo. A pesar de que este programa se esté ejecutando en otro ordenador, lo cierto es que es privativo y no libre, y no me apetece desandar parte del camino que he recorrido y que me ha llevado a usar cada vez más programas libres. Siendo sincero, tampoco es que yo sea purista en extremo: utilizo otros programas que son igual de privativos como el webmail de Google, el programita para poner las notas de mi colegio o (últimamente) el juego World of Goo, pero en el caso de los documentos estoy contento con el OpenOffice y, como he dicho, no me apetece dar marcha atrás.
  • Google Documents no permite la descarga de varios ficheros a la vez, ni descargar una copia de seguridad completa ni tener una carpeta en un disco local sincronizada con los ficheros de la web. Hay una opción de trabajar off-line, pero lo cierto es que no tengo demasiado claro que esto signifique que puedo trabajar con los documentos de mi disco duro con otro programa si me apetece. Esto significa que cuantos más documentos tenga en este servicio más difícil será luego realizar una descarga completa y volver a trabajar como siempre si eso me apeteciese en algún momento.

La sensación de sentirme atrapado por un determinado servicio de una compañía concreta sumado a que este servicio está basado en programas privativos es más de lo que puedo soportar, así que aunque resulte tentador creo que no voy a utilizar Google Documents.

Ya había tomado esta decisión cuando me entero de que Last.fm va a empezar a cobrar por algunos de los servicios que ofrecía gratuitamente. ¿Es imposible pensar que un día Google cobre por sus servicios? ¿O que abandone el desarrollo de un producto que no tenga el éxito deseado? ¿O que aparezcan y desaparezcan funcionalidades de manera arbitraria? No lo es, así que mas vale contar con la posibilidad de que esto suceda.

¿Cual es, entonces, la solución? Existen programas libres similares a Google Documents que podemos instalar en nuestro própio servidor como, por ejemplo el todavia inmaduro OpenGoo. No creo que sea esta la solución que yo adopte, prefiero tener mis documentos en memorias USB o acceder al ordenador de mi casa a través de una conexión sftp.

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“Ese es el problema del Linux.”

24/09/2008

Tengo una aula con 16 ordenadores: 15 para los alumnos y el que utiliza el profesor. En un momento en el que mis alumnos están ocupados y no parecen tener dudas que consultarme, recuerdo que desde que el curso ha comenzado no he actualizado los programas de los ordenadores. Desde mi ordenador pongo en marcha el ClusterSSH y quince consolas se abren en mi escritorio. Tecleo apt-get update && apt-get upgrade y la orden aparece en todas las consolas. Pulso Retorno y los programas de todos los ordenadores se descargan y actualizan a la vez.

Un alumno, sentado a mi lado, mira mi pantalla y dice: “Ese es el problema del Linux.”. No entiendo, ¿Cual es el problema? “Hay que usar la consola, todo es muy complicado”, dice. Le muestro la opción de añadir/eliminar que hay en el menú de aplicaciones, y le explico que esta manera “complicada” de hacer las cosas es la que yo prefiero, para tardar un minuto en hacer algo que, de otro modo, me llevaría varias horas. Creo que no le he convencido.

El problema del GNU/Linux no es poder actualizar todo el sistema desde internet (cosa que con programas privativos no se puede), ni poderlo hacer, si se quiere, desde una consola, lo cual acelera y facilita el hacerlo remotamente (cosa que con programas privativos resulta mas complicado). Tal vez tenga otros problemas pero, desde luego, no son esos.

El problema de GNU/Linux es que no es Windows y, por tanto, las cosas que tiene de más le sobran, y las que tiene de menos le faltan. Con una buena campaña de marketing y el tiempo suficiente para que los usuarios piensen que no existe otra cosa, un coche de tres puertas y sin acceso al motor puede ser estupendo, mientras que las dos puertas extra y el capó son “complicaciones innecesarias”.

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Programas libres

15/09/2008

En primer lugar, programas liberadores o incluso programas libertadores serian denominaciones más pretenciosas aunque, a la vez, más claras.

Esto es así porque el que es realmente libre es el usuario, mientras que los programas son los que liberan al usuario, en cuanto que eximen de ciertas obligaciones, o lo libertan, ya que liberan a quien estaba preso (usando programas no-libres).

Por tanto, un usuario no es libre cuando usa ciertos programas que, por este motivo, suelen llamarse programas “privativos”, mientras que un usuario que desee ser libre deberá usar programas libres.

Podemos reconocer los programas privativos porque, cuando los usamos, queda implícitamente aceptado por nuestra parte un contrato en el cual renunciamos  a una larga lista de nuestros derechos. De este modo no podemos copiar el programa, ni instalarlo en varios ordenadores, ni tener tantas copias de seguridad como deseemos por si el original se estropea, etc. La lista de derechos a os cuales renuncia cada uno de los usuarios de un programa privativo es larguísima. Otro día trataré de hacer un resumen.

Por otro lado un programa libre (entendiendo por “programas libres” aquellos que la Free Software Foundation” considera que lo son) da a sus usuarios cuatro derechos:

La libertad de ejecutar el programa para cualquier propósito. En cualquier lugar, para cualquier cosa, durante el tiempo que se desee.

La libertad de estudiar cómo funciona el programa y de adaptarlo a sus necesidades. Se distribuye el código fuente, se permite e incluso se facilita el estudio del funcionamiento interno del programa, y la divulgación de su funcionamiento y de sus errores.

La libertad de redistribuir copias, para que pueda ayudar al prójimo. Se pueden vender, y regalar, cópias del programa.

La libertad de mejorar el programa y poner las mejoras a disposición del público, para que toda la comunidad se beneficie. Las dos libertades anteriores nos conducen a esta: podemos vender, y regalar, copias del programa modificadas o mejoradas por nosotros.

La forma habitual de hacer que un programa sea libre es distribuirlo bajo una licencia libre, por ejemplo la General Public License o GPL. Dicha licencia añade una prohibición: está prohibido distribur copias del programa sin estas libertades.

Por este motivo hay muchos programas libres que se distribuyen con la licéncia GPL (como el eMule), otros programas libres que se distribuyen con una licéncia compatible con la GPL (como el servidor de páginas web Apache), y otros que se distribuyen con una licéncia libre pero incompatible con la GPL (como el programa BitTorrent). El resto son programas privativos.

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